
Nos despedimos del grupo que aun están desayunando con la esperanza que mas adelante nos alcanzaran, de todas formas nos mantendremos en contacto.
Los primeros kilómetros los hacemos por carretera general, hasta pasar Sarria, una fea ciudad para circular en bici, a la salida ya nos toca subir a un alto, seguimos por carretera que es mas facil de rodar.A estas alturas pedalear por el camino me trae sin cuidado, estoy muy muy agotado y lo que quiero es llegar como sea y cuanto antes a Melide. La subida es lenta y penosa, mas por el cansancio que por las pendientes. En cuanto llegamos arriba, siempre detrás de Minipantani, entramos en el camino.
El camino es impresionante, vamos entre pastos, ganado,corredoiras ( camino entre aldeas), algún tramo de asfalto, mucha piedra para subir, mucha piedra para bajar, excrementos de vaca y sobre todo Turistigrinos o peregrinos que empiezan en Sarria, pues con cien kilómetros que hagas andando te entregan la compostelana y eso es desde Sarria.
Es un poco triste ver este tipo de peregrino púes no conoce el autentico espíritu del camino, hace poco lo peregrinos eran diferentes, la mayoría andan cojos, con problemas de yagas en los pies, rozaduras, etc.., curtidos por el sol, solitarios, tan absorto en su caminar que les tenemos que gritar para que nos dejen pasar, pues los timbres de las bicis no les despiertan de su letargo, el saludo del camino es casi inteligible. El camino es sufrimiento y autosuperación.
En cambio los turistigrinos o dominguerigrinos, suelen ir en grupos amplios, grupos familiares con mochilas de picnic, las piernas blancas y canturreando absurdas canciones de excursiones escolares, con todos los sentidos intactos y sus ropas impolutas. Los grupos son tan amplios a veces que son un engorro adelantarlos, te hacen perder un tiempo precioso, pero como también están en su derecho tienes que aguantar el retraso.
El verdadero espiritu lo encontramos al inicio del camino, cuando se palpaba la solidaridad del peregrino, esa sonrisa de complicidad de los que saben que van a realizar una hermosa proeza en sus vidas, indiferentemente de la raza o la nacionalidad. El respeto, la gentileza, el entendimiento y la variedad en los peregrinos hacen del camino algo verdaderamente diferente y extraordinario. Da lo mismo si a pie, o en bicicleta, la nacionalidad o el sexo, siempre hay una mano tendida, ofreciéndote agua, para levantarte y hasta animarte en tus momentos malos, que siempre los hay y todos los sufrimos.
Pasamos bastantes aldeas, casi todas unidas entre si por las corredoiras, esquivando los nuevos peregrinos, entre bosques, casas, un continuo subir y bajar que destroza las piernas, el correr de las agua entre los caminos los hace aun mas interesantes si cabe y después de una bajada vertiginosa, de las que ponen los pelos de punta, duelen los brazos por la tensión y los frenos sufren y chillan, llegamos a Portomarín, a la ribera de un embalse del río Miño.
Paramos a comer y a descansar, ahora toca una subida de 12 kilómetros, no parece dura pero si pesada por su larga distancia. Salimos por un puente cruzando el embalse en su parte mas estrecha y empiezan las primeras rampas, que con el estomago lleno decido saltar de la bici y empujarla, Minipantani sigue montado y la sube sin problemas. Como veo que es infinita y que pierdo bastante tiempo empujando, me pongo a pedalear. Hace demasiado calor, lo que hace mas complicado superar la subida, solo llevamos dos kilómetros de subida y ya estoy agotadísimo. Este camino se abre paso entre arboles hasta que llegamos a la carretera y aquí va pegado al asfalto. El sol es castigador y hay poca sombra en la que cobijarse, yo decido circular por asfalto, aunque este es mucho mas caluroso, mi socio decide el camino. Es un constante subir, el camino se separa por momentos y luego vuelve a la carretera, nos reencontramos una y otra vez. Algunas cuestas son criminales para mi estado, el sol es castigador y por primera vez en todo el camino pienso en esos taxis transporta peregrinos, el bidón de agua hace rato que esta vacío, el sudor me ciega los ojos. mi socio pedalea alegremente por su camino, mientras yo sufro como no he sufrido en mi vida, la boca esta seca. Llevamos 10 Km de subida, los bidones vacíos y Melide a un mundo de distancia, no creo que podamos llegar y seria vital para nuestro viaje de regreso a casa. Hace rato esperamos un lugar para refrescarnos y llenar los bidones, estoy muy tocado e Iván lo empieza a estar.
Llegamos a un restaurante-albergue y encontramos a un conocido bicigrino de Málaga sentado en la valla con muy mala cara, le ha dado una pájara y no me extraña con el calor que hace. En el mismo momento que paramos a su lado para ver su estado se nos aparece un ángel caído del cielo en forma de cuatro ruedas con un porta bicis triple: Por lo que decidimos compartir viaje hasta Melide y ahorrarnos los últimos 25 Km.
El taxista se conocía bien los caminos y no atropello a ningún peregrino de milagro. Viendo el camino por donde nos llevo el Taxista suicida fuimos conscientes de que no hubiéramos llegado a nuestro destino.
El taxi ha sido un pequeño tachón en el camino, pero mi conciencia esta tranquila pues no podía mas con mi alma, era necesario dormir en Melide y de no ser así no hubiéramos llegado.
Cenaremos en Ezequiel famosa pulpería y trataremos la vuelta con otros compañeros de camino.




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