Salimos un rato mas tarde que ellos, esta vez iremos por camino, es mucho mas seguro, nada mas salir paramos en un iglesia románica muy impresionante. Seguimos por camino entre arboles, peregrinos y boñigas de vaca. Un riachuelo nos para la carrera, hay que pasar empujando las bicis por encima de unas piedras a modo de puente. Pasado el río sin contratiempos, el camino transcurre entre bosques, es ancho y sin demasiadas piedras. Parada para que pase la señora con sus vacas y seguimos.
Mas adelante encontramos a la familia, ahora seguimos con ellos. el Camino sube y baja pero la cercanía del final nos da alas y pedaleamos con alegría, aunque las piernas están muy perjudicadas. Ahora el camino es un sube y baja sin parar, tan complicadas las subidas por el esfuerzo como las bajadas por el terreno, por lo menos para mi, que parezco el mas temeroso de todos.
Es de admirar la valentía y fortaleza de esta familia, el lleva mas de 20 kgs con el carrito y su hijo, ella lleva en las alforjas lo necesario para los tres, con todo lo que conlleva un niño de tres años.
El camino es precioso por sus paisajes, sus bosques y prados, pero también es duro. llevamos quince días pedaleando y para rematar el camino, esta etapa esta llena de toboganes. La compañía ameniza bastante la etapa. La llegada a Ribadiso baixo es bastante fácil, aunque lenta, llevamos 13 kms y hemos tardado casi dos horas, a este ritmo no llegaremos nunca a Santiago.
El albergue es una autentica preciosidad y ubicado en un lugar privilegiado, paradita a almorzar y continuamos.
Ahora el camino tiene tendencia ascendente por lo que nos toca apearnos mas de una vez de nuestras bicis, menos Iván que nos espera impaciente, algunas rampas son complicadas. La vegetación nos protege del sol, cuando no es así es sol es abrasador, hace demasiado calor.
Nuestro próximo objetivo es Santa Irene, a 20 km de distancia. El camino empieza a ser muy pesado y las fuerzas flaquean, daría lo que fuera por llanear un ratito, no hay un metro llano en todo el camino, por lo menos el paisaje compensa tanto sufrimiento. Iván siempre nos espera y yo cierro el grupo, no me fío de los descensos y prefiero tener margen de maniobra por si a caso.
Después de un largo caminar paramos en Santa Irene a comer y refrescarnos de paso.
Seguimos por el camino, alternándose muchas veces por asfalto, parece que llevamos un rato descendiendo y eso no me gusta nada, porque siempre que desciendes vuelves a subir y estoy bastante harto.
Y como me esperaba aun quedan un par de subidas bastante agresivas, como guinda del camino. Subir a San Paio y al Monte do Gozo, pero antes pasamos por unos bosques de cuento, bosques de meigas, bosques encantados, a pesar de las ganas de llegar nos paramos a contemplarlos, la luz casi no pasa entre las copas de los arboles.
No paramos de subir, de vez en cuando toca ayudar a empujar el carrito, ya que el padre está bastante agotado. Se esta haciendo interminable el camino y alguna de las rampas son del 16 %, no muy largas pero matadoras.
Nos ha costado pero hemos llegado al Monte do Gozo, ya se puede ver Santiago de Compostela desde aquí. Empieza a invadirme una gran emoción de ver tan cerca nuestra meta, lo vamos a conseguir.
Ahora ya es todo bajada, emoción y velocidad. Nos adelantamos por los ganas, nos toca esperar a la familia, lo estamos consiguiendo. Por fin entramos en Santiago, por avenidas, seguimos las conchas plateadas que nos dirigen por las aceras, casco antiguo, varias cuestas pero nos da lo mismo. Gestos de triunfo, puños al aire de alegría, de logro, sonrisas delatadoras.
Los nervios nos desorientan, ellos conocen el camino, es la séptima vez que lo hacen y aun así no encuentran la entrada que quieren a la plaza de Obradoiro. La calles llenas de turistas y peregrinos, camisetas del mismo color para los colegios religiosos. Cara de felicidad, estamos consiguiendo algo que hace quince días parecía tan lejano, tan difícil. Alguien apostaba que Iván no seria capaz de aguantar tantos días seguidos y ha demostrado ser un verdadero campeón y callar alguna que otra opinión injustificada es un verdadero placer.
Suenan las gaitas, nos agrupamos para entrar en la plaza, sonrisas plácidas y llegamos al kilómetro 0, a nuestra derecha queda la majestuosa catedral, nos felicitamos por haberlo conseguido, abrazos, besos y a disfrutar de un momento único.
Después de saborear el momento y compartir la alegría con otros peregrinos, nos vamos a recibir la compostelana.
Y después de 15 días pedaleando sin descanso y unos 820 Kms aproximadamente finalizamos esta maravillosa aventura. me hubiera gustado llegar a finis-terrae como dice la tradición ancestral precristiana, pero lo dejaremos para otra ocasión. Toy mueeeeeerto de cansancio.
Colorín colorado el camino se ha acabado.

















































